jueves, 7 de mayo de 2009

El papelito rosado. Cuento en cuatro entregas. (1a.)


Alice Itew se despertó descansada y renovada, había sido una noche suavizada por el constante flujo de la cascadita de la montaña que protegía su casa y lugar de trabajo, la posada. El verdor y la humedad creaban una atmósfera nublada, tan densa que casi podrías sentirla, como gentil caricia humectante de tu piel. Ah!! ...la piel, ese divino obsequio de interpretación de vida, es el objeto de trabajo de Alice, el traductor de las terapias que aplica a los caballeros que acuden a ella con deseos de superar debilidades sexuales. Ella detalla cada surco del envoltorio en cuestión, para aplicar sus conocimientos curativos, con dedicación. Cada surco es una línea de vida, es una emoción escrita. La piel es el tamiz de cada quien frente a su propia existencia.
Se acicaló para iniciar sus labores, y ese día era especial, el trapiche sangriento estaba sediento de renovado vigor. Camino a su consultorio, a través del jardín, vio a Santiago, se detuvo y le dijo sonriendo:
—Ya tienes al muchacho controlado ¿verdad? — preguntó
—Tú me tienes controlado a mi, ni siquiera me das un besito de buenos días, maluca. — respondió Santiago
—Déjate de juegos, que tienes mucho quehacer, después tendrás recompensa, si acaso la mereces. — respondió
El consultorio de Alice era un universo perfumado, sus paredes acristaladas soportaban el agua de las fuentes circundantes, así, la sensación de lubricación perfecta, se afianzaba
La primera consulta del día comenzó normalmente. El señor Álvaro llegó puntual a su cita, e inmediatamente ella le ofreció una taza de caliente avena cocida, dando inicio así a la terapia sin que el señor Álvaro lo notase. Vigor, vigor era lo que le faltaba, quizás amor del bueno, pero eso no le incumbía a ella.
—Estoy enterada de su caso, el Dr. Acierta ya me refirió todo detalle, diseñé el tratamiento más adecuado para su desintoxicación completa y recuperación. Le aplicaré resina de helecho macho, miel, néctar floral, polen, unibase al 1%, en mezcla de polvos de Eugenia Aromática, y un ingrediente secreto. Comprobaremos cuánta insensibilidad usted sufre. Pase al cubículo, quítese la ropa, y recuéstese en la camilla. — Dijo Alicia.
La camilla era muy acolchada y amplia, ideal para el relax, con sábanas de algodón impecable y rellenas con hojas de eucalipto. Una suave música se escuchaba de fondo.
— ¿Me quito toda la ropa? — Pregunto el Sr. Álvaro
— Sí, toda. — Respondió ella, con una pequeñita sonrisa hundida en sus mejillas
El señor Álvaro subió a la camilla. Alice llevaba un uniforme rosadito, muy pulcro y ajustado al cuerpo. Su cabello rubio estaba perfectamente recogido en un moño, se consideraba muy elegante. Sus manos estaban sin guantes. Consideraba que el buen terapeuta palpa a su paciente, y sabe en qué justo momento parar o continuar. Esa es la razón por la que ningún robot podrá ejercer la sacra santa misión de los terapeutas, que son seres dotados de una espiritualidad vibrante y extraordinaria generosidad para ayudar a los humanos.
Continuará...

2 comentarios:

miguel maturen dijo...

Todavia no he leido la segnda parte pero me dejò intrigado lo del trapiche sangriento. Van a sacrificar a alguien, moliendolo en un trapiche? vaya!!

Olga Fuchs dijo...

la idea es intrigar....