jueves, 4 de diciembre de 2008

Colección Papiros


Autores de la colección


junto a Mario Morenza, brillante autor de "La senda de los diálogos perdidos"

La colección Papiros de la editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar, se presentó ayer, miércoles 3 de Diciembre de 2008, en Ciudad Banesco.
La literatura logra un soporte poderoso con esta colección y su series Poesía, Narrativa, Ensayo y la serie especial Recorridos, una antología de la poesía venezolana desde 1983 hasta 2008. Las palabras de presentación de Antonio López Ortega son precisas al señalar el país versátil, que se forma en base a libertades individuales y acuerdos, un país nuevo llamado Papiros. Una clara alusión al proceso creativo que se eleva y sale a flote, prístina espuma, del mar de fondo de la confusión de lenguas e ideas.
El anuncio de la incorporción de una nueva serie dentro de la colección, dedicada al teatro y la continuidad del apoyo fundamental de Banesco a esta iniciativa de la Universidad Simón Bolívar, se alzó como grata noticia de la noche.
Esto fué motivo contundente para la amplia sonrisa y alegrías de todos los presentes.
Manifiesto mi satisfacción por el encuentro de Luz Oval de Elizabeth Schôn en esta colección.

martes, 4 de noviembre de 2008

Festival FECOVEN 2008


Mi amigo y colega arquitecto Eugenio Mikolji ha ganado el segundo lugar con su cortometraje, en su categoría, en el primer festival FECOVEN 2008, y el primer lugar por votación del público vía internet. ¡Felicidades!

lunes, 27 de octubre de 2008

Cicatriz de Juan Carlos Sosa Azpúrua


La novela Cicatriz de Juan Carlos Sosa Azpúrua, de la Editorial Planeta, fué presentada en la Librería El Buscón del Trasnocho Cultural del Paseo Las Mercedes, el día 21 de Octubre.

Los personajes de Cicatriz existen en Caracas, y se entregan a la búsqueda de riqueza y poder, que dan el dinero y el sexo. En esa búsqueda se hieren, se producen cicatrices y afloran otras tantas de convicciones sexistas y cínicas, subyacentes en las profundidades de la psiquis de cada uno. Se relacionan en un tejido de queloides, en el que luchan por salir a flote, por lograr sanar heridas y satisfacer sus ambiciones.

Surge la pregunta.
Olga Fuchs: ¿son las cicatrices insuperables?
Juan Carlos Sosa: Los personajes deben verse a sí mismos marcados por sus cicatrices y desear superarlas con valentía. Una cicatriz es, metafóricamente, una fotografía del presente, con efectos en el futuro.


La novela puede leerse según tres significados : literal, moral y alegórico. El autor otorga una promesa de libertad a su protagonista.
Excelente presentación de una novela de hermosa narración y profundas reflexiones.


El autor junto a Ibelis Crespo, Inés Rôhl de Sosa y Luis Sedwick.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Los incoherentes circulares se reunen con José Manuel Peláez



El viernes 3 de Octubre de 2008, la incoherencia circuló a sus anchas, en el “Casa Churrasco” de La Castellana, una urbanización de nuestra amada Caracas, “anticiudad” para algunos pocos, los incivilizados bohiguenses.
El círculo incongruente, se reunió, como suele hacerlo, a pesar de todo trueno, centella, lluvia, tranca o apagón
Animados los justos integrantes, se regodearon con la sapiencia del invitado de honor, José Manuel Peláez, de ese encuentro, no el último encuentro, en eso, nada de Márai.
La comida y la charla transcurrían como agua que sigue su curso, naturalmente, llegó al pozo de las delicias: el sexo, inevitable y placentero.
— ¡No existe el masculino para la palabra culebra!, sentenció el profesor.
— ¡Ni para la palabra cuaima!, rió Euclides incoherente. — ¡Cuaimonas!

Se inició así, el montaje de “El sexo, según los incoherentes circulares” Puesta en escena sobre la circulación más excitante (el sexo):
Único tiempo
Los acontecimientos se dan en un restaurant de la anticiudad de Caracas, es viernes en la tarde, y a esa hora, todo el mundo ha almorzado. Los incoherentes circulares, compañeros de escritura creativa, están sentados alrededor de una mesa muy particular, tiene forma fálica y redondeada la punta.
Entra en escena la tercera botella de “Casillero del Diablo”, y alienta, aún más, la charla, sobre telenovelas, los culebrones y otros teatros, como los de guerra de los sexos.
Peláez: De hecho, los machos culebras tienen dos penes, llamados “hemipenes”.
(El semblante de las incoherentas presentes se elevó en risueñas idealizaciones, y escribieron sus ansias en el aire)
Ibelis: Como siempre, y en todos los campos, lo importante es saber llegar.
Lenín: ¿Saber terminar? Entonces, ¡que nadie te detenga!
José María: El momento es oportuno.
Olga: Toda O aspira tener acento, para rodar con el, y convertirse en Q.
Nancy: A mi nadie me para.
Peláez: (Traduce) Ella quiere decir que, es ella quien no le para a nadie.
(Euclides entiende la instrucción, y avanza).
Euclides: De la memoria a la acción. De la amistad al amor.
(María José no permite que Nancy acapare las masculinas miradas e interviene).
María José: Que sigamos alimentando el alma con nuestros propios relatos con fuerza y sin esfuerzo.
Lenín: ¡Sírvele en la copa rota!
Mesonero simpático: Esta ronda de digestivos, va por la casa.
(Todos ríen. Aplausos y brindis, los incoherentes se retiran de la escena, con las sonrisas de la mejor herencia, la amistad, y la promesa de nuevos encuentros.)

martes, 21 de octubre de 2008

Filosofía Dophiniana


"Gran reto es vivir en el único país que pasa el día a oscuras, y las noches a claras".

viernes, 17 de octubre de 2008

Arte Arquitectura Ciudad CAV 2008











Las obras participantes en la Exposición – Subasta organizada por el CAV y FAU70´S titulada “Arte, Arquitectura, Cuidad”, constituyen una reflexión muy bien orquestada, sobre la ciudad como el espacio y albergue de la cultura, de la humanidad en todas sus dimensiones.
Los conceptos planteados se agrupan en cuatro categorías, de las cuales son ocho obras las que los exhiben con fuerza.
*Concepto 2 Luz: la luz caraqueña, coqueta, fluida y atrapada, paradójicamente, en la sensualidad de la forma y el color.
María Teresa Novoa. “Parque Los Caobos. Burjotas y burbojitas de Otoño”
Gianmarino Grazzi. “Tensión”
*Concepto 3 Cuentos de la ciudad: los hilos conductores de las historias urbanas.
Corina Rodríguez. “Metrópolis”
Alberto Asprino. “Diario de un registro. El parque del Este”
*Concepto 1 Globalidad: alusión a la multiplicidad dimensional del ser humano.
Gustavo Guinand. “Laberinto de 4ta.”
Eduardo Agelvis. “Una idea por Caracas”
* Concepto 4 Humanidad: Lecturas que enlazan orígenes, actualidad y destino de la civilización.
Luz María Charlita. “Hombre verde”
Ricardo Pérez. “Las Leyes de Mumford”
El esfuerzo realizado, en su totalidad, por artistas y organizadores, merece un reconocimiento especial, por la calidad estética presentada y por el valor benéfico que representa. Brindo por la continuidad de exposiciones como “Arte, Arquitectura, Ciudad. 2008”.
Olga Fuchs

lunes, 13 de octubre de 2008

Borges, el señor de los colores




Acudimos temprano, Miguel Ángel me acompañó a la inauguración, entusiasta y curioso también, por la técnica de soporte y montaje de las recientes obras de Jacobo Borges. Yo nadé en luz y color, disfruté los espacios de Julio Maragall, impregnados de color, color y más color. El maestro Borges nos llevó de la poesía escrita a la poesía del color, construyó un puente fluido, y nos acercó a la serenidad, en un proceso, paradójicamente, dinámico. Transcurrimos del poema, emoción, al trazo del color, acción. Toda esa caligrafía de la luz, que apreciamos el domingo, hecha con trazos de hermosas letras, y gestos, nos habla de trascendencias.
El maestro llegó, no ha cambiado mucho. Sé, pues lo conozco desde mis inicios en la escuela de arquitectura, que es preciso en sus respuestas. He de hacerle una sola pregunta, para mi blog incipiente. Me acerco y le pregunto al oído:
— ¿Cuál es tu color preferido?
—Ninguno, fíjate que no hay repeticiones, responde Jacobo, con una sonrisa.
El perfecto personaje para iniciar mis entrevistas “Prismas”, el firmamento así lo dispuso.

Olga Fuchs

miércoles, 8 de octubre de 2008

Hoy cumplo más que años


Hoy cumplo más que años, cumplo una promesa, a mi misma.
Soy testigo de personajes trascendentales.
Los regalos que me han dado son:
El amor, de mis padres, hermanas, Miguel Ángel, Carlos Miguel, Helena, familia, mi madrina y mi ahijado.
La amistad, de mis compañeros y compañeras de estudio ¿recuerdan el periódico estudiantil y los dibujitos de Chabela y los míos? ¡Ja! Adolescencia Pura. Mis compadres, también, me han dado mucho.
La sabiduría, de todos mis profesores, de todos he aprendido.
Es un inmenso honor haber tenido a Javier Mualeón, guía certero de mis inicios en castellano y literatura (CSVP); a Alberto Weisehann, en pregrado, introducción a la lógica de las ciencias (FAU, UCV); y a José Manuel Peláez, en postgrado, como tutor del diplomado en escritura creativa (UNIMET).
Un día, Mauleón, con su ternura disfrazada de voz de trueno, detuvo una lágrima, transparencia de tristezas, empeñada en huir, indecisa por cuál pestaña resbalar. Aprendí. Desde entonces, lloro poco, cuando lo hago, recuerdos alegres acuden diligentes, soplan sobre mi rostro, espantan las violetas marchitas, y rio otra vez, desde mis ventanitas castañas.

Hoy, mis amores, cumplo más que años. Cumplo las promesas, las esperanzas de mi misma.
Olga Fuchs

domingo, 5 de octubre de 2008

sábado, 4 de octubre de 2008

Créditos fotográficos

Los créditos fotográficos corresponden a www.flickr.com y a Olga Fuchs, quien también ha realizado los montajes en photoshop.
Les agradezco comprender que no hayan aparecido dichos créditos, oportunamente, debido a cuestiones técnicas.
Atentamente,
Olga Fuchs

G & G II





Gonzalo, esa mañana de sábado, le exigió a Gladis que limpiara las ventanas del edificio porque él no quería ir.
— ¡Sólo tienes que limpiar del piso 36 al 39, no llegues al 33! Le ordenó.
Ella sólo limpiaba las oficinas por dentro, pero era su hombre. Tenía que obedecerlo, mujer sin hombre no era mujer. Era ley del barrio, pero ella se esforzaba por librarse, estudiaba el quinto año.
Entró por detrás del edificio ¿Para qué iba a saludar al vigilante? Comenzó a limpiar las ventanas, con su rostro bañado en lágrimas. Se miró reflejada en las ventanas, miró su alma vacía, escrutó su tristeza y sólo encontró una fría decepción. Su distracción causó que bajara mucho el andamiaje, los guantes mojados le hicieron resbalar las cuerdas. Llegó así al piso 33.
Asustada, trató de controlar el andamio, y en eso, vio a través del vidrio, en el interior, dos cuerpos amándose; más asustada aún, se arrastró hasta el otro extremo de las tablas, ya desequilibradas, por una ventanal mal cerrado, entonces vio un maletín lleno de dinero, en la salita anexa.
La brisa se llevó, de repente, su sobresalto. Decidió entrar a robar, por las ventanas entreabiertas, con aquellos dos amantes distraídos, le iba a dar tiempo a entrar, meter el dinero en su morral y salir.
La agilidad que le era propia la ayudó a deslizarse al interior, como una gata hambrienta, que olvida el precipicio que la separa de su presa.
Estaba adentro cuando escuchó:
— ¡Gonzalo, mi bruto, tú si que me lo haces rico!
¿Gonzalo? Curiosa se asomó y descubrió que era Gonzalo con la Sra. Bettina.
Ahogó un grito, la rabia se apoderó de ella, buscó el destornillador que tenía en el morral, entró furiosamente e hirió a Gonzalo, en la yugular, causándole la muerte. Miró fríamente a la ejecutiva, quien se quedó petrificada, agarró el abrecartas y la Sra. Bettina reaccionó aterrada, gritando, pero ¿quién la iba a escuchar?
— ¡No, no, por favor Gladis no me hagas daño! ¡Era sólo un ratico con Gonzalo, él no te iba a dejar, sólo me ayudaba en los encargos, tú sabes!
— ¡Toma perra!, dijo Gladis, y le clavó a la Sra. Bettina en el corazón, el abrecartas filoso.
Sintió cómo su rabia se iba drenando, como drenaba sangre del pecho de la traidora.
Recordó el dinero. Buscó otros guantes en el closet de la limpieza. Acomodó el sitio, borrando posibles huellas, metió el dinero en su morral, y limpió el maletín con pride. Cambió sus zapatos por los de Gonzalo. La ropa de la Sra. Bettina la guardó en una bolsa plástica. Tomó los pasaportes, legales y falsos, tarjetas y chequeras, las llaves, y las del carro, ya el Gustavito la ayudaría a vaciar las cuentas y a sacar ese motorcito con ruedas de la perra Bettina del estacionamiento.
Había tiempo para todo.
Volvió a salir por las ventanas, subió el andamio, lo guardó en la azotea. Bajó por las escaleras, y volvió a la oficina, abrió la puerta principal de vidrio, forzó la puerta de madera, para confundir, y cerró desde adentro las ventanas.
Salió, sin que la viera el vigilante. Llegó al rancho, se arregló, guardó en otro morral más ropa, mezclándola con el dinero, y la ropa de la Sra. Bettina, que tanto le gustaba.
Le dijo a la vecina que se iba por unos días a Bucaramanga y que Gonzalo se había ido al Táchira. Planeó con el Gustavito todo lo de los bancos, y se compró un celular de esos internacionales.
Ya iba camino al Oriente, buscando el sur, y a aquel garimpeiro ladrón, con el que se podía asociar.
Recordó su rostro lloroso reflejado en las ventanas, y lo borró para siempre.
La Sra. Bettina, conocedora de embauques y negocios de nivel, había comenzado una ampliación operacional y administrativa, con su destornillador favorito, impregnado del color de la venganza, en el morral.
Olga Fuchs®

domingo, 21 de septiembre de 2008




Espíritu Escarlata
La máquina estaba fría y aburrida. Fue conducida hasta el lugar del encuentro. Allí la vió por primera vez y escuchó su voz alegre:
— ¿Es rojo escarlata! El color que más me gusta.
El imponente Dodge Spirit Rojo sintió de pronto orgullo por si mismo, al darse cuenta de que hablaban de el. Su llameante tono al sol, rojo todo, vibró intensamente. Su línea era conservadora, pero ágil, desafiante pero serena. La luz rozó su carrocería, guiñándole el ojo a la bonita propietaria. Sintió que crecía en tamaño.
— Es muy potente tiene seis cilindros, motor de tres mil c.c. informó el vendedor del concesionario.
— Me encanta esa fuerza.
Las expresiones de agrado fueron despertando su interés en ella.
— Mira, es tu nuevo carro, disfrútalo! Le manifestaron a ella.
— ¿En serio? Yo creí que sólo estábamos por escoger carro. Es perfecto!
— Si, es para ti, disfrútalo.

Ella, entonces, ya era su dueña, a partir de ese momento su caballaje lo entregó a su servicio. La acompañó a todas sus diligencias, era su compañero, su servidor.

El tiempo pasó, hasta que una madrugada estando ella sola en su casa, decidió salir a pasear por la cota mil en el spirit, a ellos les gustaba ver la ciudad desde esa vía. Se encontraron, de repente, en la autopista un grupo de jóvenes que hacían piques. Casi se produce un choque pero gracias a la pericia de la conductora y la potencia de el, no sucedió nada. Ella aceleró fuerte y el respondió dejando atrás a los piqueros, muy atrás. Esa experiencia los marcó. La velocidad y potencia desarrolladas por la máquina la cautivaron.

Comenzó ella a interesarse por envenenar los carros, pero no podía ser un veneno muy evidente, el suyo era un familiar. Se decidió por incorporarle un sistema nitro de cuatro bombonas escondidas en el asiento del copiloto, que encendía fácilmente con un botón ubicado estratégicamente.

Las competencias comenzaron formalmente, y su nombre en el medio era la tía de Pedrito, quien la introdujo formalmente en el grupo de piqueros Premium. Ella logró reconocimiento por su destreza al accionar el nitro en el momento oportuno indicado del pique, la explosión justa para que llegaran siempre de primeros. El y ella formaron un equipo invencible, durante dos años fueron los reyes de la Fajardo nocturna. Esa doble vida estableció una secreta complicidad, muy satisfactoria, así también vencieron la rutina. Se convirtieron también en paladines vengadores, arrollaron a varios motorizados sin remordimientos, aplastados contra vehículos estacionados, estupefactos porque una simple ama de casa se atrevía a untarlos contra otros hierros. La satisfacción de la venganza es dulce, realmente dulce, romper un retrovisor de un solo puñetazo lo pagaban caro esos hijos de sus madres, si; al igual que el sifrino del BMW de la avenida principal de Altamira que golpea con furia su Espíritu Escarlata sin inmutarse. Recibe el BMW el envión del espirituoso motor de 3 litros, impecable, justo en la puerta trasera blanca, sifrinita ella. La cólera del sifriconductor no se hace esperar, la persigue insistentemente por toda la urbanización, ella lucha, en aquellos tiempos no existían tantos vehículos, ni aglomeraciones, sortea las calle, y no puede zafarse fácilmente de su perseguidor indignado. Comienza nuestra heroína a desesperarse, hasta que encuentra la solución en la 3ª. Av. que tiene árboles de mango en todo el medio, ella decide instantáneamente escapar por el lado izquierdo y detiene la máquina a mitad de calle, su perseguidor acelera por el lado derecho con la esperanza de trancarle el escape en la intersección de las calles con la avenida, pero ella, avispada, retrocede a toda velocidad, cuando lo ve pasar, y escapa, maniobrando ágilmente, hacia la calle anterior que le otorga el escape hacia la cota mil , burlado queda el blanquito. El aliento vuelve a su cuerpo y su sangre vuelve a fluir. Es libre de nuevo. Espíritus libres.

La fascinación por la velocidad es intrigante, una peligrosa aventura. Se debe tener control y sangre fría. Saber sentir el motor, saber cuándo hacer el pinchazo es cuestión de feeling, se nace con eso, no se aprende, se puede lograr experiencia, pero sólo si las venas saben congelarse y el cerebro decide rápido, se gana la apuesta. Los ganadores heredan la casta. En cambio, los perdedores lo son desde que arrancan, pero son necesarios esos "perdidos", un reto sin contendor, no es reto.

El dominio de la aceleración es fundamental, pero se trata de dominio, pues existe el riesgo de la adicción, que es imprescindible evitar. El adicto a cualquier cosa es un esclavo. Ella comprendió que se estaba convirtiendo en esclava de la adrenalina. Las participaciones en la pista se fueron distanciando, ya no eran semanales, paulatinamente se retiró y puso en venta su adorado Dodge Spirit rojo, ya sin las bombonas de nitro.

El nuevo dueño, de veinte años, no se imaginaría nunca el pasado de la pareja vertiginosa, de la simbiosis estelar entre mujer y máquina.

La noche anterior a la entrega del vehículo, lo subió a Lomas de San Román. Caracas, con todas sus estrellas, fue testigo de la despedida.
Olga Fuchs ®

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Opinión




Jhumpa ¿qué?

La escritora Jhumpa Lahiri, es la ganadora del premio Pulitzer del año 2000. Ha sido mi gran sorpresa constatar que no es tan conocida en cierto sector del medio literario venezolano, a pesar del prestigio internacional de dicho premio; hasta desconocida en un buen porcentaje de librerías caraqueñas, al punto de repreguntarme: ¿ Se trata de un libro de la nueva era?, quizás la asocian con Deepak Chopra.
Asumo que el origen de la situación del reconocimiento en el público, depende de la divulgación y el énfasis publicitario como premio real a una obra a nivel internacional, pues no quiero aceptar que en Venezuela no exista completa compenetración con el quehacer literario de calidad.
Me encomiendo, entonces, a realizar la debida divulgación, a mi escala, de la obra de Jhumpa, si, así, con confianza, Jhumpa, a secas, ya que ella nos introduce al círculo más íntimo de las vidas que retrata, rompiendo para nuestros ojos todos los cinturones de seguridad, hasta hacernos sentir compasión sincera por el dolor de sus personajes.
Jhumpa en “Una cuestión temporal” asocia un corte de energía por un lapso corto de tiempo, cinco noches, en la zona de residencial de los protagonistas del relato, a una oscuridad que deriva en una intimidad impuesta por esa circunstancia; a un obligado diálogo de conciencias y emociones. Shoba y Shukumar, hijos de inmigrantes bengalíes en EUA, representantes de la segunda generación, unidos en matrimonio y por el dolor de un hijo nacido muerto, afrontan sus dramas apoyándose de forma ambivalente en sus retos laborales, académicos y tradiciones heredadas. Jhumpa dibuja para nosotros el micro ambiente donde se enfrentan, suaves pero contundentes cada una de las almas, a la sola luz de unas velas, que semejan el consumo paulatino de amor y esperanza. Algo se está acabando entre ellos, se evapora una esencia, una vitalidad, una sexualidad extinguiéndose.
Jhumpa nos pasea por una casa que desmejora como sus habitantes, antes albergaba hasta ciento veinte amigos como invitados a fiestas de cumpleaños, en el tiempo literario del relato sólo alberga tierra seca, lápiz labial al descuido y dos seres que se esquivan, que no soportan el peso del dolor del hijo perdido, las exigencias impuestas por sus mismos padres o madres, por el éxito en la actual sociedad consumista norteamericana y conservar su carga hereditaria. El fracaso como padres en la India es tragedia, la madre de Shoba representa esa exigencia, ese corrector de conducta, el peso de la obligación de tener descendencia. La superación del dilema cultural es subyacente, es un mar de fondo, una problemática de enajenación y de identidad, de mezclas.
Jhumpa tiene la capacidad de pasearnos por las vidas de sus personajes, a través de décadas, con sus acontecimientos íntimos, respetando la estructura clásica de tres estadios narrativos, inicia con una situación precisa, continua con una compilación introductoria del drama y finaliza con una resolución de las tensiones, tejida en una prosa intimista con la acción como hilo conductor eficiente. Describe esas sociedades a través de los otros personajes, Gillian, la amiga de Shoba, los vecinos, el padre de Shukumar.
Jhumpa, omnisciente, define sus personajes a través del diálogo íntimo e impulsa su relato develando los conflictos de Shoba y Shukumar con sus propias conciencias, superables con esfuerzo, noche tras noche una confesión, una herida, un daño y un contra daño. Una dolorosa tristeza que asfixia el amor y la alegría, el entusiasmo vital del inicio de sus vidas en común.
Jhumpa cierra para nosotros, sus lectores, con técnica flexible, un relato de diferencias e integración, con un abrazo en llanto, por secretos develados, por el desarraigo en busca de riqueza material y del sueño americano, por renunciar a un hijo, por un no soportarse aún necesitándose.
Ya conocemos a Jhumpa Lahiri, es la reveladora de intimidades.

Cuentos de luz







G & G
La pelea fue terrible, Gonzalo no quería ir a cumplir con su compromiso de limpiar los vidrios del edificio, y obligó a Gladis a hacerlo por él, esa mañana de sábado. Gladis se tragó su dignidad y se vistió con el uniforme de faena de Gonzalo y se enrumbó al edificio. Armó el andamiaje y lo bajó hasta el piso 33. Estaba por terminar el trabajo cuando un ventanal entreabierto, pues los sábados no funciona el Aire Acondicionado Central, trabó el andamiaje y se abrió completamente, entonces vio un maletín carrubio, abierto repleto de dinero y tirado en el suelo alfombrado en rojo, debajo de un escritorio, como si alguien sorprendido lo hubiera escondido allí sin tiempo para cerrarlo.

Decidió entrar porque no vio a nadie dentro de la oficina con alfombrado en rojo, la que conocía bien, ya que ella era quien hacía la limpieza interna, ese era su verdadero oficio, para apoderarse del dinero que tanta falta le hacía.

Ella se fascinó con la cantidad de dólares, no sabía mucho de eso, pero sí que eran dólares y muchos. Venció el miedo a la altura y se decidió a entrar, haciendo un gran esfuerzo, estirando la pierna derecha lo más posible, los guantes húmedos le hicieron resbalar el agarre de las cuerdas y se tambaleó quedando con medio cuerpo suspendido en el vacío. Cayó el tobo, todos los cepillos y trapos de limpieza.

Extremando sus fuerzas se incorporó, sudando frío. Se calmó, respiró profundo, se concentró de nuevo en el dinero, se alentó a traspasar el ventanal definitivamente, ya no pensó en las alturas. Se estiró completamente y se deslizó al interior como gato. Dentro del privado, volvió la vista al objetivo. Se había apoderado del maletín, y lo cerró, pero en el justo momento en que estaba por devolverse al andamio, un ventarrón golpeó una puerta interna, y se escaparon risas, susurros y sensuales jadeos.

Se agachó detrás de un sofacito, del que se cayeron un sostén, unas medias panties, una falda, blusita y zapatos negros de tacón.
Los jadeos eran cada vez más intensos y alargados, pero de pronto ya no los escuchó, sino sofocadas respiraciones como quejidos ahogados, golpes secos hasta que un silencio punzante se convirtió en un charco de sangre rojísima como el alfombrado en rojo, que alcanzó sinuosamente el sofacito.

Oyó el ruido de la puerta principal, eso ayudó a Gladis a controlar sus latidos, esperó; la sangre se estaba secando en el alfombrado en rojo.
Se cambió el uniforme por la ropa de mujer. Gladis salió de la oficina vestida con el traje taller ajustado y femenino, y con el maletín carrubio repleto de dólares. Entró al ascensor y se recordó de Gonzalo, él no merecía su amor. Llegó a Planta Baja, el vigilante nuevo de turno, distraído con el partido de béisbol televisado, no la vio.

Se alejó Gladis, corrió por la acera, subida a los altos tacones, aferrada al maletín carrubio y sumergida en su nuevo traje. Un bucle de alfombra roja pegado a su nueva falda, fué el único testigo de su pasado.

domingo, 20 de julio de 2008

Cuentos de Luz


El Ventanal del Aeropuerto
La multitud se movía acompasada en un sentido y en el otro. La cinta mecánica se había trasladado pasajeros que arribaban o que salían de viaje en orden, sin interrupciones, sin sobresaltos. El andén móvil había funcionado durante años, desde la inauguración del aeropuerto. Sus dientes metálicos se veían desgastados, pero implacables encajaban uno detrás del otro, mordiendo el tiempo, destinos y almas distraídas por el sopor del jet lag. El sonido del aire acondicionado semejaba una cascada de fría agua, que detenía los alientos como besos abortados.

La figura de Esteban transcurría y se reflejaba en el ventanal de vidrio, frío testigos de los anhelos de ida y vuelta. Sentía Esteban esa sensación de ser observado incómoda y extraña, cuando encontró los ojos de Begoña que le sonreían desde el andén móvil del sentido opuesto al suyo, desde cierta distancia, acercándosele lentamente. Esteban no creía lo que veía. Su vieja amiga aparecía de nuevo, después de veinte años sin saber nada de ella.

Esteban gritaría a viva voz:
—Begoña, Begoña. —Y luego de una pequeña pausa añadía con otro grito—: Begoña, Begoña, soy Esteban García.

Begoña reía ya abiertamente reconociendo a Esteban, y en el justo momento de pasar uno frente al otro, la cinta rodante se detenía.

—Begoña, hola. —decía entusiasmado Esteban luego de un fuerte y cariños abrazo—: Tantos años sin vernos, pero estás idéntica, no has cambiado. .

—Hola querido Esteban—decía Begoña, correspondiendo al saludo de su amigo. —: Tantos años sin vernos, es verdad, pero no olvidamos nuestros rostros. Qué alegría me da…—. Pero no pudo terminar la frase porque una fuerte explosión al fondo del pasillo rodante había sucedido.

Miles de pedazos de los vidrios del ventanal voyerista volarían a una velocidad increíble por el confinado espacio en aluminio y grises alfombras con negros detalles de vinilo, teñirían de rojo todo aquel claroscuro.

El ventanal roto se extendía en mil pedazos, plata en reflexión, sobre los pasajeros inertes como maniquíes de vitrina, lo que en realidad siempre habían sido.

jueves, 15 de mayo de 2008

Opinión



De la heroicidad que se bebe
Por Olga Fuchs

Nuestros objetos de disertación son Simón Bolívar y Gatorade.
La raza humana es guerrera. Hoy día estamos en varios tipo de guerra, uno de ellos es el de la guerra mediática y publicitaria. El ganar está asociado a una necesaria gesta heróica y a las estrategias implementadas correctamente. Simón Bolívar en el siglo XIX, emocionó a los pobladores de la Venezuela de ese tiempo, con la esperanza de consumir un producto: la libertad.
y la emancipación económica. Este producto fue promocionado correctamente, pues la independencia económica de nuestro país se logró, a pesar de las penurias de la lucha, la emocionalidad y la vehemencia que explotó en el pueblo Simón Bolívar, dio los frutos esperados.
La república instaurada fue evolucionando hacia otros derroteros en el que, ya agotado el prócer, no tenía cabida.Después de su muerte, él pasó a ser un producto más, gradualmente.
Gatorade realiza un impulso similar: bebida energizante para ganar la contienda deportiva y la diaria del trabajador rutinario, enviando el mensaje claro “si consumes la bebida restauradora de fluídos de los héroes del siglo XXI, serás también un triunfador.”

Simón Bolívar y Gatorade son símbolos poderosos, tal como marcas registradas, en el mundo cívico militar, el primero, y en el social deportivo, el segundo. ¿Qué sucedería si los asociásemos en una campaña publicitaria? Si tuviésemos la licencia para hacerlo como estrategia de mercado hoy, tendríamos éxito, sin duda.

La explotación de Simón Bolívar hoy como héroe de la Patria es intensa y constante, porque funciona, porque es legitimizar productos cívico militares. El uso de Simón Bolívar como imagen lo inició Antonio Guzmán Blanco, conocido como el autócrata civilizador y su pariente lejano, al crear el bolívar de plata como unidad monetaria nacional, el día 31 de Marzo de 1.879 y nombrar la plaza central de la ciudad de Santiago de León de Caracas como Plaza Bolívar en la que se erigió la estatua ecuestre del recién nombrado como “El Libertador”, obra de el escultor Adán Tadalini, el día 7 de Noviembre de 1.874, dando inicio a una suerte de franquicia: en toda ciudad o pueblo venezolano,la plaza central es denominada “Plaza Bolívar”. Se dio inicio al uso y abuso de la figura de Simón Bolívar como figura emblemática e inspiradora de la Patria, de progreso y de revolución justificada por nobles propósitos, como la Libertad. Antonio Guzmán Blanco, astuto político, detectó la necesidad de renovar el entusiasmo y la felicidad de las masas, e ideó, así, una ruta de la conciencia de masas a través de héroes, en especial Simón Bolívar, quizás no haya sido el primero en el mundo, su admiración por la cultura francesa, es muy probable que le haya dado luces al respecto. La utilización de Simón Bolívar como imagen y símbolo patrio continúa vigente.
Gesta heróica de la guerra de independencia tiene su correlativo en la gesta heróica de los deportistas actuales, por alcanzar la hegemonía individual o de sus equipos sobre otros.
Gatorade es un producto de consumo de masas, por lo tanto aplica la Psicología del consumo. Psicología de la realización y el logro por vía de la emancipación. Creado por el Dr. Robet Cade, para controlar el delicado equilibrio corporal de los atletas, en los encuentros deportivos, ascendió en su rata de consumo vertiginosamente, después del apoyo que le dio el “Miami Herald” (1966), en una reseña, donde se exaltaban las propiedades de Gatorade, la bebida que sentir confortables y competitivos a los miembros del equipo ganador el “Florida Gators”, del que tomó el nombre definitivo el producto, durante el encuentro. En algunas fotos publitarias enmarcan a determinados atletas en una suerte de horizonte, de nubes electrificadas, muy parecido al fondo de la obra pictórica “Mi delirio sobre el Chimborazo”, que recrea a un Simón Bolívar rehaciéndose.
La marca comercial Gatorade, es denominada como “bebida milagrosa” y explota la heroicidad de sus consumidores estrella, asociando su consumo al éxito de sus gestas. Es uno de los patrocinadores en más de ochenta países, de numerosos equipos, ligas y federaciones deportivas.

Concluímos que en nuestro siglo XXI, los promotores de la marca registrada Simón Bolívar, apoyarían y promocionarían Gatorade, dada la posibilidad, él mismo lo haría, no lo dudamos, pues su inteligencia de líder detectó la oportunidad de abrir una franquicia de España en las Indias, demostró su poder para promover productos a través de la manipulación emotiva y los empresarios de Gatorade también estarían encantados en esta alianza, pues todos nos queremos asociar con figuras relevantes, exitosas y emblemáticas

Esta bien, es el negocio.







miércoles, 16 de abril de 2008

Cuento de luz


Un hombre cruza la calle
Olga Fuchs


Un hombre cruza la calle solitaria, ese domingo de Semana Santa. Escucha el teléfono público que repica al llegar a la acera, centra su atención en el aparato y se aproxima. Le sorprende una voz, antes de él contestar, que le reprende su lentitud:

— ¿Por qué tardas tanto? Anselmo Benítez, el sistema no puede esperar más por ti. Las fallas son imperdonables. ¿Necesitas unas piernas nuevas?

Anselmo siente un escalofrío y contesta nervioso:

— ¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre? Es Domingo de Resurrección, hoy es día sagrado y de descanso. Comienza a enfurecerse. — ¿Tampoco hay descanso hoy? ¡Qué tiranía!

No recibe respuesta, sólo el clic de cierre de la llamada. Siente la sangre en su cuerpo, su pulso acelerado, los nervios que le ganan de nuevo la respiración, la indignación que le hacen olvidar su destino.
Alza la mirada, ve unos hombres que corren y se pierden de su vista al traspasar la esquina, donde queda en el suelo un pañuelo rojo que destaca, con brillo, sobre el caliente borde de petrificado cemento.
Anselmo escucha a lo lejos la misma voz, pero sin comprender bien las palabras que pronuncia; intrigado sigue esa fonación, que ya no es su lenguaje, ni su palabra comprendida.
Una fría brisa aclara el vapor del asfalto y alza en vuelo al rojo tinte, ahora, infantil papagayo sin dueño.
Anselmo intenta correr tras el pañuelo, pero recuerda los hombres misteriosos. La angustia del absurdo rojo deseo, lo paraliza y comienza a sentir sus piernas vaciadas en plomo, en contraste con sus cabellos, flotantes halados por el mismo soplo liberador de la tela apasionada.
Mira hacia la gris esquina tragadora de hombres y se queda sorprendido al ver la punta de sus cabellos halados hacia él, por la misma burlona brisa.
Pies y piernas de plomo, cabellos y angustias de aire.