miércoles, 22 de octubre de 2008

Los incoherentes circulares se reunen con José Manuel Peláez



El viernes 3 de Octubre de 2008, la incoherencia circuló a sus anchas, en el “Casa Churrasco” de La Castellana, una urbanización de nuestra amada Caracas, “anticiudad” para algunos pocos, los incivilizados bohiguenses.
El círculo incongruente, se reunió, como suele hacerlo, a pesar de todo trueno, centella, lluvia, tranca o apagón
Animados los justos integrantes, se regodearon con la sapiencia del invitado de honor, José Manuel Peláez, de ese encuentro, no el último encuentro, en eso, nada de Márai.
La comida y la charla transcurrían como agua que sigue su curso, naturalmente, llegó al pozo de las delicias: el sexo, inevitable y placentero.
— ¡No existe el masculino para la palabra culebra!, sentenció el profesor.
— ¡Ni para la palabra cuaima!, rió Euclides incoherente. — ¡Cuaimonas!

Se inició así, el montaje de “El sexo, según los incoherentes circulares” Puesta en escena sobre la circulación más excitante (el sexo):
Único tiempo
Los acontecimientos se dan en un restaurant de la anticiudad de Caracas, es viernes en la tarde, y a esa hora, todo el mundo ha almorzado. Los incoherentes circulares, compañeros de escritura creativa, están sentados alrededor de una mesa muy particular, tiene forma fálica y redondeada la punta.
Entra en escena la tercera botella de “Casillero del Diablo”, y alienta, aún más, la charla, sobre telenovelas, los culebrones y otros teatros, como los de guerra de los sexos.
Peláez: De hecho, los machos culebras tienen dos penes, llamados “hemipenes”.
(El semblante de las incoherentas presentes se elevó en risueñas idealizaciones, y escribieron sus ansias en el aire)
Ibelis: Como siempre, y en todos los campos, lo importante es saber llegar.
Lenín: ¿Saber terminar? Entonces, ¡que nadie te detenga!
José María: El momento es oportuno.
Olga: Toda O aspira tener acento, para rodar con el, y convertirse en Q.
Nancy: A mi nadie me para.
Peláez: (Traduce) Ella quiere decir que, es ella quien no le para a nadie.
(Euclides entiende la instrucción, y avanza).
Euclides: De la memoria a la acción. De la amistad al amor.
(María José no permite que Nancy acapare las masculinas miradas e interviene).
María José: Que sigamos alimentando el alma con nuestros propios relatos con fuerza y sin esfuerzo.
Lenín: ¡Sírvele en la copa rota!
Mesonero simpático: Esta ronda de digestivos, va por la casa.
(Todos ríen. Aplausos y brindis, los incoherentes se retiran de la escena, con las sonrisas de la mejor herencia, la amistad, y la promesa de nuevos encuentros.)

2 comentarios:

Ileana Hernández G. dijo...

CON TAN PICARESCA CHARLA, MOJADA EN CASILLERO Y DEGUSTADA POR LOS PRESENTES CON EL SONIDO DE LAS MANDIBULAS BATIENTES, LAMENTÉ NO ESTAR PRESENTE.
QUE PARA LA PRÓXIMA ESE DIALOGO ALGO ALEJADO DE LAS CONVERSACIONES LITERARIAS, SIGA SU CURSO Y QUIZÁS SE ANIME CON LA EXPERIENCIA DE ALGUNA VIVENCIA QUE DE SEGURO TODOS HAN CONOCIDO SIN QUE SEPAN SUS RAZONES...

Olga Fuchs dijo...

El único tiempo de la obra Los incoherentes circulares se reunen con... ha de tener continuación, la próxima debe ser con Roberto Echeto, minimeeeeeeeee, chauuuuuuuuu