jueves, 5 de mayo de 2011

La Globalización y los Medios: ¿Hacia una cultura única?




El presente ensayo aborda la conceptualización de la comunicación tradicional o clásica, revisa las críticas actuales, y busca formular bases para la respuesta a la posible instauración de un modelo de cultura único, en referencia a las relaciones intra - naciones e inter- naciones.

De forma introductoria, recordemos conceptos básicos, como el de comunicar: “Es la búsqueda de todos los medios posibles de persuasión.” Aristóteles (384-322 a. C.). Esta acción significa transmitir ideas y pensamientos para ponerlos “en común” con otros, a través de un código de comunicación compartido, y que puede modificar conductas, asimismo, establece la posibilidad inmediata de retroalimentación (feedback) con un intercambio de mensajes de forma recíproca y directa.

Esta apreciación se refuerza con el hecho de que hoy día existen más de mil millones de usuarios en Internet, interactuando en una dimensión mediática, involucrando a la gente a nivel local y a nivel global, indistintamente, generándose las llamadas redes de comunicación.

Esta esfera comunicacional es un espacio de creación simbólica y de (re) apropiación cultural. Ante esto, ¿Estamos frente a la emergencia de una cultura única?

Para responder la interrogante, planteada, comencemos por establecer un acuerdo acerca de la noción de Cultura: "Cultura se refiere a los valores que comparten los miembros de un grupo dado, a las normas que pactan y a los bienes materiales que producen. Los valores son ideales abstractos, mientras, que las normas son principios definidos o reglas que las personas deben cumplir" Giddens (1989).

Esto se refiere a la producción de bienes simbólicos y materiales. También debemos establecer un acuerdo en torno a la idea de Hibridación:

“…hibridación son los procesos socioculturales en los que estructuras y prácticas, que existan en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas” García Canclini (1990).

Partiendo de las precisiones introductorias, podemos inferir cómo se están acomodando la cultura y la cultura tecnificada, en la formación de imaginarios colectivos a partir de la presencia dominante de las industrias massmediáticas, con el fin de responder a nuestra interrogante inicial.

Tenemos a la cultura como contexto de producción e interpretación de significados, y en este sentido la antropología simbólica, explica este aspecto, entendiendo a cada cultura, como un contexto en el cual los sujetos, pueden entender que se está comunicando, cómo debe interpretarse un gesto, una mirada, y por lo tanto, qué gestos deben hacerse para dar a entender algo, qué palabras deben usarse y cuáles no.

De esta forma, la cultura es una red de signos que permite, a los individuos que la comparten, atribuir sentido tanto a las prácticas como a las producciones sociales.

Pero esta situación no es tan simple, no sólo es acceder al conocimiento (en abstracto) lo que genera cambios, se trata de una situación de transferencia y aprendizaje de conocimientos tecnológicos, siendo que ésta es una meta móvil, ya que cada día se generan nuevos conocimientos, nuevas tecnologías en el mundo.

Si reconocemos dentro de estos análisis, al otro factor que es la comunicación, podemos comprender la complejidad del escenario de reconocimiento sociocultural, y de constitución de nuestros imaginarios.

Es Walter Benjamín quien establece un excelente marco de reflexión, a este respecto, cuando se refiere a los diversos modos de reproductibilidad técnica al que se somete el objeto/obra artística, y apuntamos nosotros, la introducción de significados de identificación socioculturales.

Se trata de una referencia extraordinaria para entender, en estos tiempos, asuntos como la relación obra de arte/mercancía, mercado/consumidor, producción cultural/recepción cultural, formas culturales nuevas/irrupción de capital en los espacios de creación: “No se trata de una desviación gratuita del camino recto, sino que lo que en este caso ocurre con la misma cosa, la modifica fundamentalmente, y borra su pasado hasta tal punto que, si se aceptase de nuevo el antiguo concepto (y se le aceptará ¿Por qué no?), ya no provocaría ningún recuerdo de aquella cosa que antaño designara.” Benjamín (1973).

Encontramos una confrontación a la secuencia de reflexiones presentadas: “Los medios de comunicación son unos de los más poderosos agentes de devaluación de lo nacional…Lo que desde ellos se configura hoy, de una manera explícita en la percepción de los más jóvenes, es la emergencia de culturas sin memoria territorial. Culturas que desafían especialmente las imágenes que los educadores tienen de lo nacional.” Martín-Barbero (1993)

También podemos citar: “Muy lentamente vamos comprendiendo el enorme poder que las industrias audiovisuales tienen hoy en el terreno estratégico de la producción y reproducción de las imágenes que de sí mismos se hacen estos pueblos, y con las que se hacen reconocer de entre los demás…resulta sin embargo, inquietante que esas empresas tiendan a moldear la imagen de estos pueblos en función de públicos neutros, de públicos cada día más indiferenciados, disolviendo para ello las diferencias culturales en el exotismo más rentable y barato.” Martín-Barbero (1993)

Estos planteamientos no los podemos negar como sentenciadores de una cultura uniforme, la que quizás, por prolongados períodos temporales, se instauró; pero retomemos el hilo conductor de la respuesta a nuestra inquietud, apoyándonos en las siguientes propuestas:

“…el impacto de un fenómeno sobre el cuerpo social, varía según el papel que juega en la cadena comunicativa.” Y “…la cadena comunicativa…deberá transformarse de esta manera: el receptor transforma la señal en mensaje, pero este mensaje es todavía una forma vacía a la que el destinatario podrá atribuir significados diferentes según el código que aplique.” Eco, (1981)

Esto nos enfrenta a una realidad, la ambigüedad en la comunicación de masas. Eco nos remite al ejemplo publicitario con la inserción de un beso interracial Este caso, de una fuente única, con un canal tecnológico y la totalidad de destinatarios, los seres humanos del globo terráqueo, se daría la paradoja de la múltiple unidad de reflexiones: amenazas o promesas frente a ese mismo mensaje, por parte de grupos racistas o de grupos pacifistas.

De esta forma se evidencia que los mensajes serán impregnados con los significados que sean sugeridos por la realidad antropológica y por el propio modelo cultural de las diversas audiencias universales, y verificables en su punto de llegada confrontado con los códigos de partida.

El universo de la comunicación está atravesado por múltiples dimensiones críticas, que dificultan una recepción pasiva.

Todo lo expuesto, explica la dificultad de la emergencia de una cultura única, pues los procesos mencionados son incesantes, y conllevan una “relativización de la noción de identidad” García Canclini (1990).

Otro elemento que se debe tener en cuenta para explicar este fenómeno es el uso y aprovechamiento eficaz de las nuevas tecnologías de la información y comunicaciones aplicadas a la difusión del conocimiento y la información dentro de la población, lo que tiene como consecuencia que aprendemos a manejar y a producir significados, y se modifica la identidad de la sociedad de individuos; es así que: “Cada nueva tecnología crea una nueva cultura.” Orihuela (2000).

En relación a un signo y su significado, en la misma sociedad pero en distintas Subsociedades, pueden existir dos significados distintos.

En el mundo existe, entonces, más de una cultura, e incluso podríamos decir, que en cada sociedad hay más de una cultura, además de que también podríamos afirmar que tenemos Subsociedades y Subculturas. Esto es positivo, pues sería ideal el desarrollo de destrezas que permita a los pobladores del mundo, que son tendencialmente marginados, desarrollar sus propias tecnologías, esto es la adecuación del conocimiento a su realidad, y de sus culturas particulares.

La adecuación mencionada, involucra el hecho de que el consumo cultural implica las variables de los usos sociales, la percepción/recepción, el reconocimiento cultural, y la construcción de ciudadanía en sentido de pluralidad y de concepción democrática de la vida, no referida a una cultura única.


En síntesis, estas consideraciones nos permiten pensar que la cultura es un contexto social de producción e interpretación de significados y que, como es un contexto social, hay tantas culturas como sociedades, en las que la renovación tecnológica, es sólo un factor más. Asimismo, cultura, comunicación y consumo cultural son variables que estructuran la complejidad del tiempo presente, hecho de hibridaciones y de nuevas formas de vivir la vida.

Debemos reconocer la necesidad de reflexionar e investigar el tejido de nuestras relaciones sociales, con un enfoque amplio, abierto a nuevos signos y nuevas maneras de enfrentar las relaciones culturales y comunicacionales. Necesitamos asumir como reto el considerar seriamente el proceso de integración simbólica y de constitución de las memorias, que nuestros pueblos han tejido y asumido a partir de las mediaciones comunicacionales impuestas por las grandes industrias tecnológicas, que crean escenarios de reconocimiento social, de constitución y expresión de nuestros imaginarios culturales.


2 comentarios:

meteteya dijo...

Excelente artículo amiga. Persistirá la hibridación.

Graciela dijo...

Las redes sociales son un medio de comunicación muy eficaz, se puede difundir información detallada y específica de cualquier índole; pero, frente a ésto, siempre estará presente el modo de ver/oír de cada quien, de cada interlocutor. Me parece muy bueno tu artículo.