lunes, 8 de noviembre de 2010

Al revés





"No se desea lo que no se conoce"

Ovidio

Sintió vergüenza por aquel malentendido. Cerró los ojos y deseó en silencio esconder su cabeza en la tierra bajo sus pies. De inmediato su cuerpo se hundió, sintió el sofoco de su respiración. Arañó la arena hasta la luz difusa que le sonreía, aspiró el cálido aire, tosió, abrió los ojos y vio al ras del suelo, un alazán correr a todo galope hacia él, y al jinete árabe que blandía una cimitarra.

4 comentarios:

Graciela dijo...

Que creativo tu cuento y cuanta verdad. Debemos precisar muy bien nuestros deseos. Me encantó.

Ivan dijo...

Jajaja Las cimitarras jajaja tenía tiempo que no leía acerca de cimitarras

León dijo...

Bueno amiga, realizas una auténtica labor de alfabetización al rescatar palabras en casi desuso. ¡Bien por ti!

Olga Fuchs dijo...

Esas espadas son similares, pero no iguales a las de los samurais. Gracias por sus comentarios.