viernes, 2 de octubre de 2009

Quema. Cuento en cuatro entregas (4a.)



Alicia buscó a Tomás con ansiedad.
—Estoy angustiada, temo que hoy salga algo mal. Cuida por favor todos los detalles, sabes ya que es el tiempo místico, que el muchacho no descontrole la pauta. — le dijo.
—Tranquila mamita, ya tengo el terciopelo preparado, pero ¿y el besito?— dijo Tomás.
—Espérate, la noche tiene prisa, no tengas tú más apuros que ella. — lo cortó.
Gustavo llegó a la puerta de la posada y se encontró con las cocineras.
—Vengo a cobrar mi dinero por la miel, llamen a Alicia. —ordenó.
— Como nié, nos vamo, es tarde, toó aquí es raro. — Le dijo la mayor de las dos y miedosa continuó—: aquí ná se inundó, ni siquiera cuando la vaguada, y ahoritica hasta los bucares están floreaos, anque no es tiempo.
—No, búsquenla, quiero cobrar porque me voy, no aguanto las abejas, me repugna la miel, el moreno, quiero ir a Caracas, a la universidad, quiero que Alicia me devuelva mi libro, casarme con una cantante famosa y viajar. —dijo, entonces con desespero.
Tomás apareció ante ellos, miró a las cocineras, estas salieron corriendo cuesta abajo; se enfocó en Gustavo, le entregó un papel rojo aterciopelado que el muchacho estrujó entre sus dedos, y la voluntad se le escurrió por las piernas. Tomás señaló la entrada al otro lado de la casona, cerró las puertas de la posada. Candados de hierro, centinelas de lo profano. Fueron a aquella otra sala que se llenó de un resplandor perfumado cuando Alicia entró por el portón del fondo. Sonrió a Gustavo. Lo miró a los ojos, se acercó e inclinó sobre él, buscó las mejillas jóvenes y resbaló su boca sobre la de él, sorbiendo sus labios en los suyos, pulposos, sabios; los separó un poco, libró viscosa saliva, que recogió con lengua lúbrica por el asombro de Gustavo quien sintió un fogueo ascendente por sus muslos y rostro. Alicia se irguió triunfante, sus ojos aguamarina se tornaron gris plomo, se relamió lentamente y lo empujó con suavidad sobre el catre dispuesto en el centro del recinto. Contempló su erección. Él recibió sumiso y tranquilo las ondulantes caricias de las manos femeninas que lo desnudaban hábilmente. Tomás sujetó los pies y manos de Gustavo, semejando una crucifixión y encendió los quinqués al borde de las ventanas con cortinas de tul.
Alicia recitó con voz exótica: — Que salga el mal y entre el bien, que limpie tu cuerpo de toda enfermedad y todo daño provocado. —Y luego de una pausa añadió—: eine ganz andere Welt transmuta, hazte presente e intercede para que esta sangre sea bendecida y dotada del poderoso vigor original.
Tomás lavó a Gustavo con aguas de limones, hizo cuatro incisiones a las venas de los antebrazos, la sangre goteó en vasijas de vidrio. Alicia se retiró a un lado, se sentó en un butacón, comenzó a leer el libro y lo cerró cuando las vasijas estaban llenas del vigor. Tomás las colocó sobre la consola de mármol, las tapó con platos de porcelana blanca, selló con cera los bordes de los recipientes, los cubrió con sedas doradas y la niebla densa, cumplió con su protección al botín, secreto de las gotas del vigor, envolviéndolo con su frío. Gustavo bebió jugo de naranja con belladona y durmió el donante escogido para el tiempo nuevo. Tomás ordenó el aposento y salió con Alicia hacia el bosquecito. La niebla ligera, en la ladera, recogió en una cesta de brisas las flores de los bucares y dibujó con ellas nueve círculos concéntricos del espacio perfecto entre los cuatro naranjos en flor. El lecho blando en la tierra de la violácea floresta estaba listo. Alicia desnuda traspasó el umbral de azahares y con ese dulce aroma tejió la gaza que cubrió su piel. Giró con los brazos en alto, dibujó el décimo círculo y colocó en su centro el libro, miró a las estrellas benéficas, se acopló a Tomás y ya complacida cerró los ojos, se acostó en el floreado suelo y acunada por los hilos de aromas, durmió. Su guardián se distrajo en la blancura de Alicia.
Gustavo se estremeció y cayó de la camilla, golpeó los quinqués y se liberó el fuego rabioso que comió aire, cortinas, paredes y techos de caña amarga, salió ansioso ladera arriba a quemar Alicias, mulatos, nieblas, inciensos, naranjales, hierbas o libros. La pelirroja se agitó entre las flamas, sintió las chispas que bailaban frenéticas entre sus cabellos. Creyó que no era posible sentir más dolor al ver su piel arrancada en jirones por lenguas ardientes, y lamida su sangre sin misericordia. Tanteó unos restos carbonizados que pretendieron protegerla, gritó Alicia abriendo paso a sus palabras, arañando el humo que la ahorcaba: — Fuego maldito, quema de libros, traidor de albedríos. —Alicia sintió flotar su cuerpo por encima del calor de negro humo y añadió siniestra—: Tizón enemigo, las letras aunque de cenizas, serán leídas, serán escuchadas las historias y los cuentos, te perseguirán hasta más allá…quemas libros, pero otros más escribirán versos, prosas, y más papeles serán trazados con plumas certeras…con cantos libres…quemas pero no se extinguen las intensidades...las místicas…las brujas no mueren…regresan.
El latigazo de calor despertó a Gustavo sudoroso, allá, en su habitación de Caracas, enredado en la sábana de sudor y semen. Se sentó en el borde de la cama. Jadeó. La realidad se le hizo presente. Confiar en la pelirroja, prestar su libro fue difícil, tenía que esperar que se lo devolviera, no se atrevía a pedírselo por su fama de bruja, pero los posibles pretextos para acercársele, saborear sus melones, manosear sus nalgas, leer cada peca de la suave piel, hacían valer la espera. Quema el sueño del deseo.
Fotografía "Secret garden" by Steph Vegas

9 comentarios:

Ivan dijo...

Si, estoy de acuerdo la quema de libros es una gran equivocación.
Me gustó lo de con ese dulce aroma tejió la gaza que cubrió su piel.
Cuento erótico y con buen final.
Te seguiré leyendo.
Iván

MIKE MAT dijo...

Me gusto el relato con grandes giros y personajes fuertes y definidos. La sensualidad se puede respirar.
Sigue asi olita, produce que es una produccion de luz.
miguel

Olga Fuchs dijo...

Gracias, seguiré iluminando jajaja

Francisco Pereira dijo...

Pufff... que calor!

Olga Fuchs dijo...

Panchito al fin se de ti, saludos afectuosos!

Nancy dijo...

Por fin el final. Las brujas no mueren regresan es verdaíta.
Suerte Hermanita!

Marlene dijo...

jajaja me gustó el final y más que me estoy entrenando en esto de la computadora Yupiiiiiiiiiiiiii

Maria Angela dijo...

Quema, quema, quema! como quema!

Maria Angela dijo...

Quema, quema, quema! ...c'omo quema!